La cuestión ambiental y desigual de la menstruación
Por Alma Villa

Al hablar de menstruación, "el que viene una vez al mes" o como preferimos llamar a nuestro período, a las mujeres, niñas y personas menstruantes se nos cruzan múltiples cuestiones como el precio del producto, si es cómodo o no, cada cuanto tiempo es recomendable cambiar el producto, etc. Poco se habla del impacto ambiental y económico que poseen los distintos métodos de higiene menstrual que utilizamos, hablemos un poco de ello.
Partamos desde la base en que la menstruación es un factor de desigualdad. Según una infografía presentada por ONU Mujeres, alrededor del mundo mujeres y niñas no tienen acceso a los productos de higiene menstrual, un 12,8% viven en la pobreza y el costo de los productos incluido los impuestos que estos conllevan arrojan a estas a utilizar distintos productos que no son adecuados tales como medias, papel higiénico, diarios, entre otros. El Fondo de Población de las Naciones Unidas describe el término como pobreza del período, el cual refiere a la lucha que enfrentan mujeres y niñas de bajos ingresos al intentar adquirir no solo productos de higiene menstrual sino también gastos relacionados como analgésicos y ropa interior. Asimismo vale aclarar que el término no solo afecta a mujeres, niñas y personas menstruantes en los países en desarrollo sino también a aquellas en los ricos países industrializados.
En Argentina, las personas menstruantes de menores recursos destinan al menos un 10% de sus ingresos a la gestión menstrual entre toallitas y tampones, según un informe de Economía femin(s)ita. Asimismo vale recordar que las mujeres perciben un 27% menos que los varones, por lo que la carga económica resulta importante a la hora de hablar de la menstruación como factor de desigualdad.
Por otra parte, se encuentra el factor ecológico al cual nos hemos de dedicar en este artículo. Les doy un dato "En su vida, una mujer o persona menstruante tira entre 10.000 y 15.000 toallas y/o tampones", estos artículos son producidos con plástico, fibra de madera, algodón además involucran decenas de productos químicos que en su mayoría no poseemos conocimiento acerca de los mismos asimismo el embalaje de plástico para lo cual es utilizado el petróleo para su transporte, como también el proceso de fabricación de los mismos conllevan consecuencias ambientales. El artículo de Ecofemini(s)ta muestra que según estimaciones locales el uso de productos descartables genera al menos 132 mil toneladas de residuos no biodegradables anualmente. Además, el 60% de la composición de los productos de higiene menstrual es pasta fluff, la cual es adquirida por el monocultivo de una especie de pino por lo que se desmonta selva nativa y ni alcanzamos a imaginar los efectos y daños que producen miles y millones de tampones y toallitas sanitarias que terminan en el mar, los cuales son ingeridos por animales marinos causándoles daños en el sistema digestivo y en múltiples ocasiones la muerte. De la misma manera, ocupamos los productos unas horas para después desecharlos, sabiendo además que estos tardaran muchos años en descomponerse.
Hablar de cómo hemos considerado a la menstruación es también importante, debido a que se la ha tratado, y en muchas ocasiones se la sigue tratando, como tabú, lo que afecta también a la manera de tomar decisiones con respecto a la higiene menstrual. Un artículo de la revista vinculando menciona que debido a que la menstruación es vista como desecho, se propicia el uso de productos desechables como las toallitas y tampones. Estos no solo causan un daño a nuestro planeta sino que también causan un impacto en la salud de las mujeres y personas menstruantes, ya que en su mayoría contienen componentes dañinos pudiendo provocar enfermedades mortales en algunos casos como es el caso del Síndrome de Shock Tóxico, asimismo los tampones pueden llegar a contener compuestos químicos como las dioxinas. Además, las mujeres o personas menstruantes con piel sensible pueden tener reacciones debido a los materiales utilizados en los productos como es el caso de los perfumes, colorantes, blanqueadores u otros utilizados en las toallas sanitarias.
No obstante, existen artículos de higiene menstrual sustentables tales como las toallas de tela, la copa menstrual y también el disco menstrual. De igual manera es recomendable visitar al ginecolog@ para consultar sobre los mismos y su correcto uso.
Resulta significativo la creación de políticas públicas para abordar estas desigualdades. En efecto, como remarca el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la "pobreza del período" no es sólo una cuestión económica sino que también es social y política. Es por eso que una correcta implementación de la ESI es fundamental, como también una perspectiva ecológica sobre estos asuntos los cuales no involucran y no deben involucrar solamente a las mujeres, niñas o personas menstruantes sino a toda la sociedad.
Referencias:
- Mileo, A. (2019). SANGRE, SUDOR Y GASTOS: ¿POR QUÉ LA MENSTRUACIÓN ES UN FACTOR DE DESIGUALDAD? Economía Femini(s)ta.
- Reportajes Vinculando. (2009). Menstruación alternativa: salud y ecología. Revista Vinculando. https://vinculando.org/salud/menstruacion_alternativa_salud_y_ecologia.html
- Unidas, F. d. (Mayo de 2020). La menstruación y derechos humanos - Preguntas frecuentes. Obtenido de https://www.unfpa.org/es/menstruaci%C3%B3n-preguntas-frecuentes#%C2%BFQu%C3%A9%20es%20la%20menstruaci%C3%B3n?%20%C2%BFQu%C3%A9%20es%20el%20ciclo%20menstrual